| Jaime's profileEspacio de JaimeCorPhotosBlogLists | Help |
Espacio de JaimeCorFebruary 02 El Puente de la amistadUn experimento de paz en medio de la guerra Bogotá (Colombia)—Unos 200 muertos, más de 500 huérfanos, 20 años de atraso y una generación criada bajo la sombra del miedo y la violencia. Ese fue el triste balance que hicieron el 28 de junio de 1998, un poco avergonzados pero llenos de esperanza, los líderes de El Dorado y El Castillo, dos minúsculos pueblos del centro de Colombia, cuando firmaron el acuerdo de paz que terminó una lucha sangrienta de más de 15 años entre sus comunidades. Apenas separados por 23 kilómetros de vía sin asfalto, y asentados en un punto donde las faldas de la cordillera de los Andes se van aplanando hasta diluirse en las enormes sabanas del oriente colombiano, estas dos comunidades estaban separadas irremediablemente por la política. El conflicto que abarcaba a los dos pueblos, El Dorado, una comunidad radicalmente conservadora de 4 mil habitantes, y El Castillo, un baluarte del comunismo con 8 mil pobladores, era un microcosmo de la violencia en mayor escala que ha reinado en el país durante 30 años. Como explica José Luis Bociga, uno de los personajes más conocedores de la historia del conflicto, luego de varios años de escaramuzas sin más consecuencias que algunas lesiones, en 1986 la confrontación se salió de cauce cuando la Unión Patriótica, brazo político de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), comenzó a movilizarse en bastiones como El Castillo. Poco después fue asesinado Elías Díaz, el dirigente conservador de El Dorado, y otros tres líderes comunitarios fueron asesinados en menos de un mes. Al producirse la escalada de la violencia, El Dorado decidió organizar su propio grupo de autodefensa local. “A nosotros probablemente nos han matado unos 100 líderes comunitarios”, dice el actual alcalde de El Dorado, Freddy Díaz.
Pronto empezaron a aparecer cadáveres diseminados por los campos y en las calles de ambos pueblos. De los siete alcaldes de El Castillo desde 1988 hasta la fecha, tres cayeron asesinados, uno sobrevivió a un atentado, el quinto dejó el cargo y se fue al monte como guerrillero, y una abandonó el país y vive exiliada en Chile. El conflicto empeoró en 1997 cuando el movimiento de resistencia armada de El Dorado fue absorbido por las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), un grupo de derecha organizado a escala nacional. “Las cosas llegaron a niveles insospechados”, cuenta Arimateo Cepeda, maestro de una escuelita rural en Villa Esperanza, a orillas de la vereda que conduce a El Castillo. “Una vez fuimos invitados por unos maestros de El Dorado a jugar un partido de fútbol, y a mitad del juego una muchedumbre armada de palos y machetes nos sacó corriendo de allí cuando se enteró que éramos de El Castillo. Tuvimos que regresar a casa con la ropa deshecha luego de correr más de 20 kilómetros”. Un año más tarde, Gonzalo Agudelo, entonces asesor de paz de la Gobernación de Meta (la provincia donde se hallan ambos municipios), decidió buscar al padre Crisanto Ramos, consejero de Alan Jara, gobernador provincial, para intentar un acercamiento entre las partes. Asombrosamente, la idea dio frutos y unos meses después unos 250 líderes de El Castillo y El Dorado, reunidos en el pueblo cercano de Cubarral, firmaron un acuerdo de paz. Un acercamiento “Informamos a los grupos armados que se encuentran en la región, que hemos decidido iniciar un proceso de reconciliación,” así comenzaba el documento que fue leído esa tarde en medio de aplausos y vivas. Al término del comunicado se expresaba la voluntad popular, de que los violentos los dejaran fuera de su guerra. Para sellar el recién encontrado sentimiento de unidad, los gobiernos nacional y provincial y las alcaldías decidieron asfaltar los 23 kilómetros de la vía entre ambos pueblos, con lo cual se redujo a 15 minutos el viaje entre una comunidad y otra. El antiguo puente, que en los malos tiempos marcaba la frontera donde empezaba la guerra, se rebautizó como Puente de La Amistad. El fin del conflicto trajo consigo otros cambios positivos. En 1985 cerca de 800 alumnos asistían a la escuela de El Dorado, cifra ésta que quedó reducida a 40 en 1997 cuando la escuela se convirtió en uno de los campos de lucha ideológica de ambos bandos, y el miedo no dejaba a los niños aprender sus lecciones. Hoy el plantel es un espacio de consolidación de la paz, con 997 estudiantes. “Somos una verdadera comunidad de paz”, dice Benjamín Sánchez, profesor del colegio de El Dorado. “Incluso, tenemos reuniones de padres de familia en las que un papá guerrillero puede estar sentado al lado de un papá paramilitar, sin saberlo. Todo en perfecta armonía”. El proceso de paz, que hasta ganó el Premio Nacional de Paz en Colombia en 2002, continúa avanzando pese a todas las amenazas y obstáculos. Para Gonzalo Agudelo, uno de los gestores de la paz y hoy asesor de las Naciones Unidas, la histórica foto de la firma del acuerdo de 1998 refleja la lucha tenaz que ha significado mantener viva la reconciliación. Entre las personas que aparecen en la foto está el gobernador Alan Jara, uno de los firmantes, quien se halla secuestrado por las guerrillas FARC desde julio de 2001. A su lado están los líderes comunitarios Leonardo Moreno, quien fue asesinado en 2001, y Mario Castro y Delio Ortiz, muertos violentamente en 2002. |
|
||||
|
|